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La pesca artesanal, un patrimonio ancestral que debe ser preservado PDF Imprimir E-Mail
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Marcelino García es uno de los pescadores artesanales de Playas. Teje desde su red para pescar y utiliza conocimientos ancestrales.
Por Hugo Calle Forrest

En ciertas comunidades del perfil costanero aún se puede apreciar la pesca artesanal basada en la sabiduría tradicional, sin desarrollo tecnológico que atente contra la conservación de nuestro patrimonio natural y cultural. Constituye la principal fuente de ingreso e identidad del cholo costeño.


La pesca artesanal practicada hoy en día en ciertas comunidades costeras se basa en conocimientos y técnicas ancestrales que heredaron de las sociedades aborígenes como Vegas, Valdivia, Machalilla, Chorrera, Jama Coaque, Jambelí, Tolita, Bahía, Manteño Guancavilca y Milagro Quevedo, entre otras.


Se sigue el respectivo orden cronológico de la más antigua a la más reciente, cuyas sociedades se interesaron en los recursos del mar, cómo sobrevivir con ellos, conocer de los vientos, mareas, corrientes marinas, localización de arrecifes, así como del desarrollo de herramientas y técnicas útiles para la pesca como los anzuelos de cobre que surgen en el 500 a.C.


Como ejemplo de esta tradición se detalla a continuación cómo en la década del 50 se practicaba la pesca artesanal en Chanduy, según ciertos datos basados en la obra “Así fue mi crianza”, de Roberto Quimí Lindao, nativo de ese sitio.
“La pesca al principio se la realizaba en balsa con atarrayas y a distancias cortas de la playa, luego adquirieron los bongos para pescar mar adentro. Por lo general era emprendida en grupo de tres personas, formado por el dueño del bongo y dos pescadores particulares, quienes debían entregar al dueño del bongo la ‘cuisma’, que comprendía la tercera parte de lo pescado", indica.


Para navegar utilizaban una vela de tela, canalete, timón y un cabo de Manila de 15 a 20 brazas, y en la punta del cabo amarraban una piedra o un fierro. Para pescar usaban anzuelos de varios tamaños, piolas y una atarraya para coger la pinchagua para carnada, que era lo mejor.  Pescaban pocas cantidades todos los días y por lo general el picudo, corvina, tollo, dorado, pargo, cherna, mero y guato.


Esta sabiduría ancestral, aplicada en la pesca artesanal hoy en día, debería ser para fines de preservación declarada como nuestro patrimonio cultural intangible. Ante el desarrollo de la tecnología y otros factores socioeconómicos, este sistema de pesca está desapareciendo y siendo reemplazad apor una pesca industrial basada en desarrollo tecnológico que atenta contra el patrimonio nacional.


Sin embargo, ante esta situación resulta satisfactoria la intervención del Banco Interamericano de Desarrollo, que ha desarrollado un programa de fortalecimiento de la competitividad y sostenibilidad de la pesca artesanal en la costa ecuatoriana.


El proyecto se realizó por medio de un financiamiento concesional de largo plazo por 50 millones de dólares,  que fue aprobado en enero del 2009.
A través de este programa se planteó iniciar con una regulación que asegure que el desarrollo de la pesca artesanal sea sostenible y conserve los recursos marinos y los ecosistemas, se aplique una vigilancia y monitoreo efectivo para reducir las infracciones, se realice una investigación integrada que tome en cuenta las necesidades específicas de las diferentes regiones de la costa y tomar medidas para mejorar los indicadores socioeconómicos de las comunidades pesqueras.


En la próxima edición en este segmento continuaremos analizando las diferentes tradiciones y costumbres del cholo costeño.
 

 
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