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En Olón, Cecilia Suárez convirtió su vivienda en un sitio de alojamiento comunitario.
Microempresas en favor del turismo

Peter Charles es un estadounidense enamorado de las playas ecuatorianas. Llegó en busca de sol, mar, rincones naturales, buena comida y un lugar para descansar que sea cómodo, pero no costoso; por eso no dudó en alojarse en una de las tres habitaciones que Anabel Barzola adecuó en su casa como parte de la red de Hospederías Comunitarias.


Su vivienda está ubicada en Libertador Bolívar (a 50 km al norte de Santa Elena) y con ayuda de su esposo, Humberto Reyes, hicieron sentir a Peter como en casa, porque, precisamente, esa es la consigna: dar al turista una buena atención e integrarlo a las actividades cotidianas a través del turismo comunitario.


Una iniciativa conjunta

El objetivo era promover nuevas formas de turismo que aumenten los ingresos locales y mejoren la calidad ambiental.  Por eso el  Programa de Manejo de Recursos Costeros (PMRC), en la zona de San Pedro-Valdivia-Manglaralto, desarrolló el proyecto Hospederías Comunitarias.
Esta red de alojamientos alternativos o en hogares, como también se la denomina, consiste en un sistema de hospedaje con características diferenciadas en el precio (bajo costo) y los servicios. Además permite la convivencia de los visitantes, lo cual propicia el intercambio cultural, asevera la subsecretaria de Turismo, Rocío Ojeda Pimentel.


“Por una tarifa se ofrece alojamiento y las tres comidas diarias, si el turista así lo desea. El espacio que ocupa consiste en una habitación privada con baño, camas de distintos tamaños y ventilador. La oferta de este servicio se basa en vínculos de promoción y comercialización unificada que permite el acceso al segmento de mercado no tradicional”.


El proyecto beneficia a familias de las comunidades costeras que aportan al desarrollo con sus propios recursos. Con la participación de la Comisión de Turismo del Comité Zonal de Manglaralto, la Comisión de Turismo de la Municipalidad de Santa Elena, representantes de las comunidades, consultores de la Fundación Pro-Pueblo y estudiantes de turismo de la Escuela Superior Politécnica y de la Universidad de Manta se tomó como referencia 90 ejemplos de viviendas costeras de las poblaciones de Manglaralto, Montañita y Olón para no contrastar con las construcciones tradicionales de estos pueblos y buscando formas más viables para el financiamiento, señala un informe de la arquitecta María Mercedes Zeballos Gando, publicado en internet.


Siete familias empezaron a fortalecer este tipo de ofertas con recursos propios y con el apoyo técnico de un especialista en turismo del PMRC. Tuvieron capacitación en atención al cliente, calidad de servicio, higiene y cocina, e información sobre los atractivos turísticos del sector; pues la idea era preparar a la comunidad para atender de la mejor manera al turista, comenta Paquita Jara, propietaria de la hospedería Cactus, en Manglaralto.


“Iniciamos en el 2000 adecuando dos o tres habitaciones disponibles y a la oferta inicial se fueron agregando otras alternativas, como el ingreso al bosque de Dos Mangas, al Bosque húmedo de Loma Alta, la creación de talleres artesanales; es decir, involucrando a todos con esta nueva propuesta de turismo comunitario, pero sin descuidar las faenas diarias relacionadas con la pesca, agricultura o albañilería”.
Posteriormente, el Centro de Promoción  Rural y la Agencia Española de Cooperación Nacional ayudaron al fortalecimiento de la idea entregando materiales e implementos para las siete familias. Así nació PRODECO, Proyecto de Desarrollo Comunitario, al cual se sumaron artesanos, senderistas, hospederos y cabañeros.


Según Paquita Jara, el apoyo fue mayor cuando que se suscribieron a la Federación Plurinacional del Turismo Comunitario del Ecuador, porque así lograron que el Ministerio de Turismo (Mintur) reconozca esta propuesta como una política pública.
Así, en  el 2001, las hospederías comunitarias fueron impulsadas por el Mintur por ser catalogadas como una actividad que cumplía diversos objetivos: “Disminución de la carga excesiva turística en zonas de playas con niveles de saturación tradicional; distribución de la demanda turística a otras playas que están siendo subutilizadas por falta de infraestructura; brindar al turista los servicios básicos que necesitan y elevar el nivel de satisfacción de los visitantes”, explica la subsecretaria de la cartera.


Ojeda enfatiza, además, que al inicio tuvo réplicas en las zonas de Zaruma (El Oro), Vilcabamba (Loja), San Cristóbal (Galápagos) y Cotacachi (Imbabura).
En la actualidad existen microempresas de Alojamiento de Hogares constituidas legalmente en Zaruma  (22); allí han optado por la categoría de Centros de Turismo Comunitario. En el Litoral aún no se ha desarrollado plenamente este sistema de alojamiento.  Sin embargo, para cubrir este déficit se dispone del Plan Nacional de Capacitación Turística (PNCT) que ha preparado a los diferentes actores del sector turístico.
Al momento se tiene conocimiento de que en la Ruta del Spondylus hay hospederías en Olón (7),  Manglaralto (14) y Engabao (16). Estas últimas apoyadas por la Fundación Nobis y situadas en el Puerto de Engabao, a 18 kilómetros al norte de Playas. Aquí se ha desarrollado un modelo diferente, construidas de hormigón y complementadas con diseño rústico.


Aunque todavía las hospederías comunitarias no cuentan con un registro oficial, el marco legal ya fue entregado al Mintur, para que sea esta dependencia la que regularice a todos quienes estén apoyando al turismo. En la actualidad se ejecuta el proceso de inspección para determinar los costos según las categorías que ellos asignen, dependiendo de esto podrán cobrar de 8 a 15 dólares, enfatiza Cecilia Suárez, propietaria de cuatro habitaciones destinadas para el servicio de hospederías comunitarias.


Su casa está ubicada en Olón y empezó con este proyecto hace seis años, luego de enviar una solicitud a Prodeco y ser aceptada como miembro. Hoy propone en su vivienda habitaciones triples y matrimoniales con baño independiente, además del servicio de alimentación.
“Nos dicen que con la regularización habrá categoría A, B, C y D. Las dos primeras podrán cobrar 15 dólares; la C, 10; y, la D, 8 dólares por persona. Estamos tranquilos porque este proyecto, desde el inicio, nos ha beneficiado  a todos los miembros de la familia”. 


Para fortalecer el sistema comunitario en la Ruta del Spondylus, el Ministerio de Turismo también ha habilitado varios senderos y centros de interpretación, los cuales dinamizan el flujo turístico. Este tipo de alojamiento no compite con los sistemas tradicionales (hoteles, hostales, hosterías); este apunta a otro nicho de mercado, haciendo del turismo comunitario una alternativa para el desarrollo de los pueblos costeros que utilizan sus propios recursos.
 

 
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