 Ave Papamosca
Anclados en Pto. Ayora, todos los pasajeros alistaban sus mochilas, excepto dos: John y Greg necesitaban de sus trajes de baño y de su botella de agua para la visita alternativa de la tarde, ellos no irían a la parte alta de la isla, ellos vendrían conmigo a la Bahía Tortuga o Tortuga Bay, como todo el mundo: Nativos, ecuatorianos y extranjeros la conocen. Para aprovechar la tarde, comenzamos temprano, el sol de las 14 horas de mediados del mes de Febrero brillaba sin timidez alguna, el cielo estaba más que azul, y a la vera del camino, nos escoltaban floridos cactus Opuntia. Es difícil imaginar mejor preámbulo para esta magnífica playa, y mis pasajeros así lo expresaban, al ver sorprendidos que amistosos pinzones de cactus volaban delante nuestro, que un curioso papamosca pugnaba por aterrizar en la cámara de uno de ellos; seguramente atraído por su reflejo en el lente , y que las lagartijas de lava hembras , que se calentaban a la orilla del camino nos mostraban sus cuellos de un intenso Bermellón. Llegar nos tomó solamente 35 minutos, al ver el mar de color turquesa, rodeado de una inmensa playa blanca, ninguno de los tres pudimos evitar un multilingüe Wuaoo. Los jóvenes surfistas saltaban entre las olas, y sacándonos los zapatos fuimos a refrescarnos a la orilla del mar. Con pena tuve que explicarles que este sector se llama “La Playa Brava”, y que para llegar a la “playa Mansa” donde nos podríamos bañar, aún tendríamos que caminar unos minutos más. Este último tramo fue muy placentero, el agua refrescaba nuestros pies, pelícanos nos volaban muy cerca, y algunas iguanas marinas nos acompañaban en nuestro caminar. A pocos metros de nuestra meta nos encontramos con una familia de gaviotas de lava que parecían buscar un tardío almuerzo entre las raíces de un manglar rojo. Expliqué a mis turistas que es una grata sorpresa el encontrarlas, porque probablemente su población no llegue a mas de mil ejemplares en todo el archipiélago, y que es una especie endémica, es decir que solamente habita aquí en nuestras Islas Encantadas. Al llegar a Playa Mansa corrimos al agua, John y Greg se sorprendieron de la calma del área y del mar. Esta piscina natural está rodeada de un bosque de Opuntia y de un grupo de iguanas marinas de gran tamaño, que en esta época se ponen coloridas como festejando sus meses de reproducción. El agua aquí es más tibia y tranquila que en la playa brava, y no solamente los tres la disfrutábamos, muy cerca nuestro nadaban dos tortugas marinas, y una raya sartén. Después de dos relajantes horas en este hermoso lugar, empezamos nuestro retorno a Puerto Ayora. El sol comenzaba a decaer, pero nuestros espíritus estaban alegres y armonizados con toda la belleza natural que nos había regalado esa tarde Tortuga Bay. Ma. Gabriela Espinoza GUÍA NATURALISTA III
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