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El surf transformó su vida PDF Imprimir E-Mail
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Jonathan Chila (El Gato) campeón nacional Sub 18, desafía una vez más a las olas de Puerto Engabao.
En Playas y sectores aledaños como Puerto Engabao y El Pelado una nueva generación de surfistas se extiende con triunfos y negocios en torno a este deporte. Juan Gutiérrez, cuenta su historia.

Un restaurante, alquiler de tablas y buena disposición es lo que le rodea a Juan Gutiérrez, el presidente de la Asociación de Surf de Playas. Este deportista de 44 años recuerda sus inicios en este deporte, que se dio a finales de la década de los sesenta, cuando conoció a unos peruanos que buscaban buenas olas.

Eso despertó su atención y se decidió iniciar en la práctica de este deporte, que lo lleva a conocer personajes de la talla de Victoriano Posada, Gustavo Plaza y Christian Bjarner. Ellos empezaron en Playas, pero eran pocos los surfistas que iban a este balneario, por lo que hicieron un tour a Manabí y camino por la Ruta del Sol conocieron las olas de Montañita.

Unos 20 años de práctica de este deporte y conocer al gringo Andrés, un personaje respetado en Playas, considerado el papá del surf, es lo que le da la inspiración. Ha sabido inyectar el amor a este deporte y a ver la ola no solo como parte del desafío deportivo sino a disfrutarla como un halago de la naturaleza.

Toda esta enseñanza hizo que su vida dé un giro. "Me di cuenta que la vida que tengo ahora me hubiera gustado tenerla mucho antes y eso es lo que trato de proyectar ahora".

Ahora sabe que hay que mostrar una buena imagen e impulsar sus ideales con firmeza y optimismo, que hay que dejar atrás el pasado y abrigar un futuro de fe y esperanza.

Gutiérrez siempre está presto a dar su mano a quienes se muestran con afición a este deporte. Es el caso de Jonathan Chila, conocido como El Gato. Era betunero y "quizás hasta andaba en malos pasos", comenta, pero tuvo la suerte de conocer a un amigo que le dio refugio y lo acercó al surf. "A través de él llega a mí, le dimos confianza y ahora es campeón nacional Sub 18". Empezó con una tabla vieja y dio inicio a una carrera deportiva.

"Yo aquí en mi restaurante los auspicios, los ayudo, hago todo lo humanamente posible por quien realmente quiere ser parte de este deporte, pero es caro y aquí en Playas desgraciadamente la situación de los muchachos no es de solvencia económica". Una tabla de surf cuesta entre 600 u 800 dólares.

Explica que con el deporte buscan orientar y rescatar a chicos que por alguna circunstancia no encuentran un rumbo. "Es verdad que al surfista se lo ha catalogado como un vago , un dañado, eso quienes no conocen a fondo; la imagen ha sido siempre negativa, pero al pasar los años el surf ha hecho deportistas muy diferentes, ahora hay surfistas netamente cristianos, con valores y con ganas de ayudar a los demás".

Una de las actividades organizadas por Juan es la Copa Sprite, que la realizó por dos años. Fue un campeonato nacional que la Federación Ecuatoriana de Surf catalogó como una de los mejores.

Al momento realizan gestiones para volverla a realizar.

A diferencia de los inicios de Juan, ahora Playas cuenta con sectores con buenas olas para competir. Se trata de Puerto Engabao y Engabao. "Los surfistas extranjeros se quedan sorprendidos de las buenas olas que hay, pero no hay difusión ni infraestructura para atraer al turista", indica él.

Le preguntamos por sus rastas, que suelen ser un identificativo dentro de la cultura surfista y entre risas contesta: "No, no, nunca mi pelo es cholo, y así me gane un casting para el pozo millonario, tengo mi estilo de vida. Amigos, tengo 44 años, mi corazón es joven y trato ahora de hacer lo que no hacía antes". Su esposa también es surfista.

En Playas hay tres escuelas que dan clases de surf, pero en este balneario las olas son más pequeñas, por lo que se trasladan a Engabao, donde las condiciones son mejores.

A su escuela, dice, acuden chicos que vienen desde Guayaquil. Su idea es crear una competencia con los nativos para motivarlos en este deporte. "Sabemos que de aquí a cinco años el número se incrementará como en Montañita, por lo que esperamos que Engabao despunte y se transforme en un punto de llegada turístico importante".

De ahí que hace un pedido a las autoridades para que se arregle la carretera, que se encuentra destruida e impide la mayor afluencia de turistas.

Finalmente, Juan reflexiona, hay que tener bastante adrenalina para poder surfear, y cada uno tiene su cábala. La suya, dice, es ir siempre con su esposa. "Con ella me inspiro, otros u1san licra roja, camisetas y son detalles únicos. El surf en lo personal es mi estilo de vida".

 
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